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| Gonzalo Bonadeo, uno de los máximos exponentes del periodismo olímpico, en la Villa de Río |
En estos Juegos Olímpicos que se vienen, podría surgir, lamentablemente, un nuevo género periodístico. Aquel del cual nadie quiere formar parte y que resulta imposible "estudiarlo" o "practicarlo", salvo en penosas circunstancias que ojala nunca se den.
Hace una semana que venimos escuchando las temerosas posibilidades que rondan a la máxima cita del deporte mundial. Y el temor crece a pasos agigantados, no solo en Brasil sino en todo el mundo.
Este organismo fundamentalista conocido como ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria) de difícil comprensión sobre la finalidad de sus actos, plantea sembrar el terror en todo el mundo, saliendo de sus históricos objetivos como lo fueron en un principio los países de Oriente Medio. Luego de la intrusión que culminó en masacre a la redacción de la revista satírica francesa Charlie Hebdo en enero de 2015 y los asesinatos brutales, macabros y públicos de periodistas como el estadounidense Steven Sotloff y el japonés Kenji Goto, la organización ultra-terrorista confronta sin cesar contra todo aquel que ose a utilizar el nombre de Ala en vano. Y el periodismo, aunque trate de quedar exento de este entremés, nunca va a poder hacer oídos sordos a estas problemáticas. Siempre quedará en medio.
Los violentos atacan a aquellos que hacen su trabajo sin maldad y que, lamentablemente, "deben" pagar con sangre.
Hace siete días se dio a conocer el desmantelamiento de "células" terroristas en varias ciudades del país vecino protagonizado por la Policía Federal Brasileña, que causó terror, de esa que genera el ISIS, en la previa a la organización de un evento de semejante magnitud a nivel mundial. A partir de esto, es por eso que, no solo los deportistas, entrenadores y personal encargado de la seguridad deberán estar alerta en los Juegos. Otra parte invisible que ocupa un lugar indispensable en la realización de este multitudinario acontecimiento debe cubrir campos que, tal vez, nunca pensaron cubrir. Ese es el periodismo. El periodista, enviado a cumplir un sueño que comparte con todos sus colegas, deberá estar atento para no pasar percances en Río.
Hablando con colegas que, para estos tiempos, ya se encuentran en la sede olímpica y que viven un auténtico anhelo profesional, para el momento en que se dio a conocer el desarme de la "célula" terrorista que respondía a ISIS, fueron sumamente invadidos por el miedo. El temor de no poder realizar su trabajo en óptimas condiciones. El hecho de salir al aire o redactar una nota, sabiendo que la posibilidad terrible de que algo pueda estallar cerca de ellos está latente.
A nadie preparan para un trabajo así, con ese temor constante y con la sensación incómoda de que el sueño se presente de forma intermitente y no se pueda disfrutar al cien por ciento de la oportunidad que se está teniendo.
Por estas cuestiones que exceden lo laboral y lo humano, en Río de Janeiro y a partir de estos momentos, todos los periodistas que cubrirán los Juegos Olímpicos y nos informarán de la actualidad de los deportistas durante la competencia, buscarán ejercer el oficio que estudiaron, perfeccionaron y practicaron toda su vida y nunca ingresar en este nuevo género periodístico temible que se puede presentar en cualquier momento: el de periodista deportivo de guerra.
Franco López Larrañaga
@francolopez8

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