sábado, 30 de julio de 2016

Los Juegos de la libertad

El equipo de atletas refugiados, juntos, en su visita al Cristo Redentor. Foto: Olympics


¿Que diría hoy Pierre de Coubertin, el gran varón del olimpismo, si viera a estos muchachos que pasaron el peor de los calvarios, sufrieron la mas cruel de las violencias y soportaron conflictos donde ellos ni siquiera tenían voz y voto? Cómo se sentiría el Barón al ver a este grupo al cual la palabra "adversidad" les suena pero como algo remoto, muy lejano? 

Siempre el Comité Olímpico Internacional buscó aggiornarse. Nunca la tuvieron fácil, siempre había inconvenientes en el camino. Algunos en forma de régimen social, otros básicamente con nombre y apellido. Sin embargo, el COI insistió y priorizó a los que resultan la piedra angular de las Olimpiadas: los atletas.
Primero, aunque costó horrores debido a las incansables tendencias machistas del caótico Siglo XX, las mujeres comenzaron levemente a tomar partido en el mundo olímpico. No estaban aptas para correr, saltar o esforzarse tal como lo hacían los hombres. Además, ellas mismas se privaban de realizar tales o cuales deportes ya que no deseaban ser "mal vistas" por el ojo público. Pero todo cambió cuando, reitero que muy lentamente, los deportes olímpicos fueron teniendo variantes femeninas y esto demostró lo que afirmaba John Stuart Mill mas de ciento cincuenta años atrás: 
"Las mujeres tienen las mismas capacidades que los hombres. Y si no, entonces algunos hombres tampoco las tienen"
Luego, cuando hubo igualdad de género en los Juegos Olímpicos, aparecieron los justos pero tendenciosos "análisis de la mentira". En Munich 1972 comenzaron los temerosos controles anti-doping de carácter público y, aunque aplicados de forma correcta para evitar atletas tramposos, cambiaron el esquema y revolucionaron sin duda a los Juegos Olímpicos.

Si de aggiornarse se trata podríamos destacar las modificaciones a los reglamentos de casi todos los deportes que forman el programa olímpico con el fin de acaparar mayor atención, atraer más público a los estadios o provocar mayor placer en los televidentes o espectadores, pero eso será material para otro artículo. El punto es que el COI buscó siempre la forma de beneficiar el espíritu deportivo y saludable que inspira el olimpismo.

Y como los deportistas son la columna vertebral del evento, son los que mejor cuidados y "mimados" deben estar. Y el COI, con sus políticas, siempre buscó cumplir ese objetivo. Sus máximos enemigos en la contienda, siempre, fueron gobiernos y regímenes políticos.

La caída de la Unión Soviética en 1991, por ejemplo, generó que los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 se quedarán sin una delegación icónica. Es más, por ese entonces, casi todos los atletas que iban a representar a la bandera soviética ya habían clasificado a los Juegos, por lo que el COI no pudo evitar que compitiesen. El hecho de no tener un país al cual representar parece extraño, pero en los noventa sucedió, y el COI optó por crear un equipo especial, donde los 475 deportistas soviéticos pudiesen representar a lo más espiritual que tienen los Juegos: la bandera olímpica. Se creó el Equipo Unificado, el cual ganó 45 medallas de oro, 38 de plata y 29 de bronce, cosechando un total de 112 preseas olímpicas, ganando el medallero de Barcelona 92. La invención de este equipo había tenido lugar unos meses antes, durante los Juegos de Invierno de Albertville, donde el Unificado llevó 129 atletas y ganó 9 oros, 6 platas y 8 bronces. Llegado Atlanta 1996, esta "variante" se disolvió y sus integrantes pasaron a representar a sus nuevas repúblicas soberanas ex-soviéticas.

En estos tiempos parece difícil tomar una medida tan drástica como la creación del Equipo Unificado, pero sucedió. El mundo vive situaciones de cambio, y el COI también, por lo que la opción de crear un equipo de atletas olímpicos refugiados de las guerras civiles que tienen lugar en sus correspondientes naciones es oficialmente una realidad que disfrutaremos en Río 2016.

¿Cómo se sentiría un patriota como Pierre de Coubertin si viese que el slogan de su amada Francia (Libertad, Igualdad y Fraternidad) se unen en un solo equipo "accidental"? Sin duda sentiría un profundo orgullo por ver elevados los espíritus olímpicos de hermandad y armonía.

Es sumamente difícil comparar a este equipo con el Unificado de 1992 por el simple hecho de que no son 475 sus integrantes, sino solo diez. Un reducido grupo de soñadores que intentarán, al igual que el Unificado representando a la bandera olímpica, hacer resurgir sus valores y demostrar que todo en esta vida y a través del deporte es posible.

Los atletas James Chiengjiek (400m), Yiech Biel y Rose Lokonyen (800m), Paulo Lokoro y Anjelina Lohalith (1500m) de Sudán del Sur; los nadadores Rami Anis (100m mariposa) y Yusra Mardini (200m libres) de Siria; los judocas Popole Misenga (-90 kg) y Yolande Mabika (-70 kg) de la República Democrática del Congo; y el maratonista Yonas Kinde de Etiopía son los nombres que buscarán la gloria, haciendo historia como el primer equipo oficial de refugiados de guerra avalado por el Comité Olímpico Internacional. Sin duda alguna, un verdadero realce de los valores expresados por el Barón Pierre de Coubertin en los últimos años del Siglo XIX y pregonado por él y sus discípulos hasta estos tiempos.

Algo que marcará un antes y un después en la historia de los Juegos Olímpicos sucederá este viernes, durante el Desfile de Naciones, cuando el equipo de atletas olímpicos refugiados haga su aparición en el Estadio Maracana y despierte la euforia de los fanáticos, aquellos que realmente adoran este espíritu y esta forma de obrar que se dice llamar Olimpismo.


Franco López Larrañaga
TW: @FrancoLopez8

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