domingo, 14 de agosto de 2016

Ganar perdiendo

De esto se trata, de no bajar los brazos. Del Potro, medallista de plata

Hace unos días, decíamos que Del Potro era un kraken que resurgía de las cenizas para alzarse con una victoria épica ante el número uno del mundo. Hoy decimos que se convierte definitivamente en leyenda, al ganar su segunda medalla olímpica.

La semana de su vida. Un tenista que había pensado no seguir jugando al tenis. Que hace unos meses se entrenaba solamente con el kinesiólogo y que tuvo que enfrentar distintas intervenciones quirúrgicas en su muñeca izquierda que no le permitía volver al ruedo.

En 2012, en La Catedral, en Wimbledon, conseguía una victoria histórica ante Novak Djokovic que le daba su primera medalla olímpica (de bronce). Cuatro años más tarde, cuando la olimpiada (periodo entre Juego Olímpico y Juego Olímpico) no le fue para nada grata, él se encargó de desmitificar rumores y de callar bocas que lo acosaban a la distancia. Que ironía, tenía que debutar ante el mismo rival con el que había cerrado su participación en Londres: Novak Djokovic. De esta batalla ya hablamos con anterioridad. El partido que no podía ganar, lo ganó. Y el camino siguió con grandes tormentos, algunos esperados y otros no tanto.

Primero llegó Joao Sousa. El portugués le sacó el primer set del torneo a un Del Potro que, pese a la adversidad y a haber vuelto a jugar solo quince horas después de haber cerrado el partido ante el serbio, pudo sacar chapa de medallista olímpico y se impuso en casi dos horas de juego.

Mas tarde, le tocaba el turno a un jóven japonés llamado Taro Daniel, verdugo en Rio de Jack Sock y Kyle Edmund. Del Potro arrancaba bien, sólido y determinante, pero algo en el quinto game lo molestó y jugó condicionado todo el primer set, que perdió en tie-break. Luego, le tiró toda la experiencia encima al oriental y lo venció 6-7, 6-1 y 6-2.

El tandilense accedía a cuartos de final, donde le tocaba con el español Roberto Bautista Agut, uno de los nuevos talentos del tenis hispano. Agut también lo extenuó a Del Potro, pero este, con una estirpe propia de un ídolo, sacó el partido adelante con solvencia y soltura. En 2 horas y 11 minutos de juego, Argentina metía inesperadamente a un representante en semifinales. Del Potro ganaba 7-5 y 7-6,

En semifinales, como corresponde, siempre toca bailar con una muy fea, y esta no fue la excepción. Lo esperaba Rafael Nadal, verdugo del argentino en el torneo de dobles y flamante campeón olímpico en esa modalidad, compartida con su compañero y amigo Marc López. Es muy dificil explicar y resumir un partido que es a tres sets y dura más de tres horas. Lo que sí me animo a decir es que es complicado encontrar un partido de tenis tan intenso como ese. Pudo ser de Nadal, fue de Del Potro. El resultado final indica un 5-7, 6-4 y 7-6 y el acceso a las puertas de la gloria para el argentino. Una nueva medalla en el Juego Olímpico más inesperado de todos.

La final fue una auténtica final, aunque con un condimento agrio. ¿Por qué el olimpismo se rehúsa a quitar ese fatídico "quinto set largo" en la final masculina? ¿Acaso seguimos en la época de Fred Perry y los partidos con 80% slice? Esos tiempos ya pasaron, los Grand Slams se adaptaron (en gran medida) pero el COI no se decide si quitarlos o dejarlos. Y ante la duda, mejor no tocar nada.

Del Potro llegaba jugando un acumulado de casi 12 horas (solo contando sus partidos en singles) y aun así, tuvo que someterse al martirio de los cinco sets. Y enfrente estaba el campeón defensor, Andy Murray, uno de los mejores de la temporada. Fue un duelo eterno de más de cuatro horas donde se vivió clima de final y los protagonistas estuvieron a un nivel más que acorde con la definición. El británico se quedó con el partido, el torneo y la medalla dorada al triunfar por 7-5, 4-6, 6-2 y 7-5. Los altos cargos del Comité Olímpico Internacional deberán rever la modalidad de la final, porque no solo Del Potro (que acumuló casi 16 horas de juego solo en singles) terminó exhausto, sino también el propio Murray dio su último respiro en la cancha.

En fin, el mejor del torneo, justamente, se llevó el oro, pero en todos nuestros corazones queda el inolvidable espíritu olímpico de aquel monstruo del deporte que significa Juan Martín del Potro, que en un Juego Olímpico que venía a disfrutar y que el sorteo lo mortificó, supo lograr lo imposible: una medalla que festejó todo el país y que ganó perdiendo.

Franco López Larrañaga


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